El Gobierno de Díaz-Canel
sortea sus responsabilidades achacando el malestar a las maniobras de los
enemigos de la Revolución
Cuba vivió el domingo la
mayor protesta social desde las movilizaciones de julio de 2021. La
multitudinaria manifestación se inició en Santiago, la segunda ciudad de la
isla, por los cortes de electricidad y la escasez de alimentos. Horas después,
se extendió a otras provincias. Aunque las protestas, que se saldaron con un
número indeterminado de detenidos y episodios de represión policial, remitieron
horas después, el Gobierno envió cargamentos de arroz y leche para
tratar de aplacar el descontento. Sin embargo, el problema es
estructural y los cubanos, asfixiados por la inflación y los recortes, llevan
años sufriendo una crisis que ha desencadenado el mayor éxodo migratorio de la
historia del país.
Los manifestantes salieron a la calle gritando tres palabras que ilustran las demandas de la población en una situación cada día más precaria: “hambre”, “corriente” (eléctrica) y “libertad”. Las mismas autoridades son conscientes de la emergencia, pero atribuyen el malestar que recorre la isla a las injerencias del exilio. El presidente, Miguel Díaz-Canel, afirmó en las redes sociales que “este contexto [de crisis] se intenta aprovechar por los enemigos de la Revolución, con fines desestabilizadores”. También señaló a los “políticos mediocres y terroristas” que, dijo, “se alinearon desde el sur de Florida para calentar las calles de Cuba”.
Este tipo de reacción, habitual en el régimen, busca desviar la atención de la urgencia de fondo: buscar una salida a la crisis. El bloqueo impulsado por Estados Unidos incide sin duda, gravemente y desde hace décadas, en las penurias de Cuba. Al mismo tiempo, las fórmulas aplicadas por La Habana para lidiar con la escasez han fracasado una y otra vez por su incapacidad para impulsar una verdadera apertura. El último gran proyecto, la llamada Tarea de ordenamiento de 2021, que prometió a la población mejoras sustanciales a través del fin de la doble moneda, acabó disparando los precios y profundizando el colapso.
MMdprensa



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